Centroamérica

Reseña de ‘Un Amor Extraordinario’: la poesía de lo cotidiano

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Lo primero que uno se da cuenta cuando empieza a ver Un Amor Extraordinario es que ha sido engañado. Es como ir a un restaurante peruano y pedir Arroz Chaufa, para que le terminen trayendo un cantonés. Eso sí, Un Amor Extraordinario es un cantonés exquisito. Pero, al igual que el cantonés, de extraordinario tiene muy poco.

Más atinado es su título original en inglés: Ordinary Love. Porque realmente es eso: el retrato de gente común viviendo una vida común. Y es justamente ahí donde la película brilla; es justamente ahí donde la película nos desvela lo que Chesterton llamaría “La poesía de la vida cotidiana”.

Ordinary Love narra la historia de Joan y Tom, una pareja madura que se enfrenta al tratamiento de un cáncer de mama. De navidad a navidad, podemos ver como los esposos viven el diagnóstico, las operaciones y el tratamiento con todos los miedos y dificultades que ello acarrea, no solo para ella que sufre la enfermedad, sino también para él que la acompaña durante el proceso.

Esta cinta, dirigida por Luisa Barros D’sa y Glenn Leyburn, se centra en lo cotidiano, en lo común y corriente, en la rutina de una pareja de esposos que se ve afectada por un evento poco ordinario. El ritmo; lento, pausado, ayuda a lograr dicha intención narrativa, y la fotografía; bella y bien trabajada, nos invita a disfrutar de lo hermoso de cada momento.

También hay, como se puede esperar en este tipo de historias, una reflexión sobre la muerte y cómo afrontarla. Dicha temática se refleja con mayor claridad en la subtrama de Peter (interpretado por David Wilmot), un paciente con cáncer terminal con quien Joan traba una amistad, quien debe decidir si continuar o no con el tratamiento de quimioterapia.

Asimismo, la constante presencia del recuerdo de una hija fallecida pone en contexto el matrimonio entre Joan y Tom, al mismo tiempo que acentúa el tema de la muerte desde la perspectiva del duelo.

El guión, escrito por Owen McCafferty, pone mucho énfasis en las relaciones humanas; especialmente en aquella vieja y magullada institución llamada matrimonio. Es la pintura de un amor maduro, el cual ha evolucionado en amistad y compañerismo, aceptando que no todo en el amor es bello y, de vez en cuando, se puede aceptar incluso un “te odio”.

Es en este cuadro donde brilla lo mejor de la película: las fantásticas actuaciones de Lesley Manville (como Joan) y Liam Neeson (como Tom). Su naturalidad y carisma logran que la cinta transmita el sentido lírico de lo cotidiano, es decir, la belleza de los momentos sencillos de la vida.

Ordinary Love es un respiro necesario del trepidante ritmo de las películas (y la vida) moderna. Es una película que nos permite, como audiencia, hacer una pausa y observar lo ordinario de la vida… para darnos cuenta que dentro de lo ordinario se encuentra también lo extraordinario.

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