Centroamérica

Reseña de ‘Nomadland’: el luto en la búsqueda de la libertad

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Hay ciertas películas que demandan ser comentadas, que, ya sea por sus motivaciones sociales o su naturaleza críptica, gritan por una discusión verbal, un diálogo. Nomadland, dirigida por Chloé Zhao y favorita en los próximos Oscars, no es una de ellas. 

Esto no quiere decir que no den ganas de comentarla, al contrario, su poder transformativo inevitablemente te empujará a hacerlo, solo para darte cuenta que las palabras son estériles frente a lo que quiere presentar Zhao. Casi cualquier conversación post función normalmente terminará en esos adjetivos que sirven más para promocionar una película en los trailers que para diseccionar su valor: “catártica”, “espiritual”, “emotiva”, y, siendo sincero, la película en efecto es catártica, espiritual y emotiva, pero decirlo no necesariamente la enriquece. 

Aún así —y porque a esto es a lo que me dedico—, me traicionaré al comentarla. 

Por encima, Nomadland se centra, como su nombre entrevé, en el fenómeno de los nuevos nómadas: estadounidenses de sesenta y setenta y tantos años que la recesión del 2008 les arrebató cualquier esperanza de una jubilación tradicional. Son personas que su casi nula pensión no les permite retirarse y que a los trabajos a los que pueden aspirar no les dan para costearse una casa, entonces duermen en sus autocaravanas, viajan por todo el país, toman trabajos de temporada y viven con absoluta austeridad. 

‘Nomadland’ estrenó recientemente en cines nacionales

Zhao mira esta tribu a través de Fern (Frances Mcdormand), uno de los pocos personajes ficticios de este inusual híbrido de docuficción; la mayoría de nómadas son personas reales interpretándose a sí mismos, contando sus propias historias, en medio de una narrativa de ficción que pone al viaje de Fern en el centro. 

En la que probablemente sea la actuación de su vida, McDormand funciona como una especie de entrevistadora; los nómadas se abren a su dolor y comparten sus sombras con ella. Esta combinación entre ficción y realidad te hacen sentir que lo que estás viendo no solo es creíble, sino que es verdadero, como dijo A.O. Scott en su reseña para The New York Times.

Linda May (izquierda) es una de las nómadas que se interpreta a sí misma.

Si bien la película quiere arrojar luz sobre la inequidad del sistema laboral y pensionario estadounidense, su tema principal es la paradójica libertad con la que se afronta el luto. No soy una persona religiosa, pero hay una oración del credo cristiano a la que siempre he aspirado: “Dios, concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las que puedo, y sabiduría para reconocer la diferencia”. Muchos de estos nómadas cargan diferentes formas de luto y aún así respiran una libertad inalcanzable para la vida suburbana. Hay pasajes que se sienten casi post-apocalípticos, ruinas de una sociedad capitalista que ahora recorren con libertad los supervivientes, pero no lo es, no hay una furia hacia el sistema que los rechazó, hay una semi convivencia: los nómadas trabajan esporádicamente, tienen familias asentadas, amigos asentados, hay un mundo asentado con el que en ocasiones colapsan y el cual reconocen. Los nómadas aceptan lo que deben y se rebelan contra lo que pueden. Es decir, no son libres porque hacen lo que quieren, sino porque hay un reconocimiento por lo que controlan y lo que no. Esta filosofía es más explícitamente abordada en la enfermedad terminal de uno de sus “personajes”, pero es una constante a lo largo de todo el viaje.

Fern es viuda de un amor que, sin aparecer ni en un solo segundo de metraje, Zhao y McDormand se encargan de transmitirnos cuán fuerte fue. Después de quedarse sin hogar tras el cierre de la mina de Gypsum y la eventual desaparición de la colonia industrial de Empire, Nevada, Fern toma la carretera en su van blanca. Aunque tiene una vía libre frente a su parabrisas, se siente imantada al retrovisor. Como todo en la vida, hay cosas del luto que puede cambiar y otras que no —la impredecible sensación de nostalgia—, el viaje de Fern es encontrar la sabiduría para saber la diferencia entre la eterna dualidad de lo que significa ser libre. 

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