Centroamérica

‘Reflejos Comunes’ de Valeria Salas Montero: Arte que le da voz a las disidencias

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Por Luis Acosta Casanova.

A mi parecer, cualquier persona quedaría boquiabierta ante el fascinante poder de las imágenes que Valeria Salas Montero ha creado, tanto en su carrera de ilustradora como de cineasta. Desde el primer momento en que la escucho hablar, estoy convencido de que es una brillante narradora de historias, a través del medio audiovisual, pero haciendo uso de un amplio bagaje de talento e inspiración.

Valeria ha dirigido los cortometrajes Olor a coco y jazmín, Los artistas ya no quieren hacer arte, y He leído y acepto los términos de uso, y también ha producido una considerable cantidad de irresistibles obras visuales que podemos ver en su sitio web. Actualmente ha participado en la 10° edición del CRFIC con su documental Reflejos comunes, donde nos presenta una serie de mujeres trans en Puntarenas, quienes nos cuentan sus historias de discriminación, maltrato y, sin embargo, también de la fortaleza y resiliencia más admirables.

¿Cómo ha sido el viaje de sus facetas artísticas?

Siempre he querido incursar en el cine y creo que esa siempre fue mi meta. Sin embargo, nunca quise hacerlo desde una escuela de cine, principalmente porque en el país no hay una que no sea privada y carísima, y la de Comunicación Colectiva tampoco estaba dentro de las opciones porque, para mí, era mucho más importante incursionar desde las artes visuales para entender un poco el lenguaje pictórico y artístico, y no necesariamente desde el cine, ya que también me parecía importante entender teoría de diseño, teoría de color, etcétera. Al entrar a Arte y Comunicación Visual en la Universidad Nacional, empecé a incursionar no solo en mis intereses de cine sino también en intereses relacionados a la pintura (que es mi énfasis), a la fotografía y cómo la fotografía podía trasladarse al lenguaje cinematográfico y al lenguaje pictórico. Igualmente, empecé a incursionar en la ilustración y el collage, la apropiación de imágenes de archivo, imágenes antiguas, y la utilización de imágenes propias resignificadas, como dentro de los fotomontajes, fotocollage, fotografías intervenidas. Todo esto hizo que yo empezara en el cine de maneras diversas. Reflejos comunes es, quizás, una pieza cinematográfica per se, ya que no tiene elementos experimentales como otros de mis proyectos, como He leído y acepto los términos de uso, que es un híbrido entre collage, animación y live-motion. Sin embargo, creo que entender eso y entender también la narrativa que, desde la literatura, que siempre me ha formado, ha hecho que el cine sea la forma que más me gusta de expresar y unificar todas las áreas y aristas que me han formado.

¿Considera que el cine es una especie de arte unificador de todas las demás artes?

Sí, así lo he encontrado. No necesariamente así lo puede encontrar el resto de personas, pero así lo he encontrado yo porque, como le digo, es la forma en que encontré de escribir y poder también ver lo que escribí, y además poner en práctica técnicas experimentales que no necesariamente se pueden poner en una imagen 2D. Sí, es como una convergencia de varias artes, y realmente me llenó un montón poder transmitirlas a partir de un solo lenguaje. Siento que el cine es un híbrido de un montón de artes, y también es un arte muy joven que se ha visto influenciado por la fotografía; pero también diría que la madre mayor del cine es la pintura, y pensarlo desde ahí siempre ha sido una característica muy propia que he encontrado de entender el cine como este arte convergente.

¿Cuáles han sido sus influencias o inspiraciones?

Mis influencias e inspiraciones… Bueno, depende mucho de lo que esté haciendo. Creo que eso siempre va a depender del proyecto que esté realizando en el momento. Sin embargo, me gusta muchísimo el cine contemporáneo de Francia, principalmente una autora que se llama Céline Sciamma, me parece una autora increíble y es una de mis grandes referencias, no necesariamente por el estilo de cine narrativo que hace, sino quizás por el tipo de personajes que trata. Ya hablando un poquito más de un nivel académico, experimental, etcétera, me ha formado mucho el tipo de narrativa de Roy Andersson, quien ha representado esta fusión que le comentaba de, no solamente cine y ya, sino desde una forma más experimental de entender la narrativa, entender la pintura, entender la fotografía y unificarlas dentro de una pieza audiovisual. A nivel cinematográfico, grandes referentes siempre van a ser Andrei Tarkovsky, creo que más por su manera y filosofía de entender el cine, Maya Deren es una gran referente, y podría hablar de Márta Mészáros, una cineasta húngara cuyo cine me parece muy importante, muy humano también. Y, bueno, realmente siempre me ha interesado mucho retratar las vivencias disidentes dentro de una sociedad claramente normativa en muchas cosas; creo que, por eso, Céline Sciamma es una de las grandes influencias. Podría meter a Xavier Dolan, Pedro Almodóvar, etcétera, justamente por eso, por retratar personas que no necesariamente han sido siempre representadas dentro de la pantalla, y eso definitivamente es una meta y algo que me gustaría seguir replicando en el cine que hago.

Hablando sobre esta fusión entre la fotografía, la pintura, el cine, ¿Siente que su pericia como ilustradora le ha permitido abordar el cine de una manera más amplia?

No sé si realmente la ilustración me haya dado esas herramientas; creo que es un conjunto de todo, incluso de mi vida cotidiana. Es decir, gracias a las “coincidencias” de la vida, he tenido amistades y familiares que también han formado muchas maneras de ver el mundo, y creo que también siempre se me ha dado alas, por dicha, para agarrar libros, leerlos, poder ficcionalizarlos en mi mente, pensarlos en función cinematográfica, así como la fotografía, la pintura. Entonces, sí, no necesariamente la ilustración, sino que ha sido un conjunto. Yo también me formé en música, en mi adolescencia, entonces creo que este conjunto de artes diversas es lo que ha formado ciertas partes de mi vida, que no necesariamente se mantienen hasta la fecha, pero siguen siendo conocimiento. Además de las personas con las que me he topado, creo que eso ha permitido a mi cine tomar este tipo de adjetivos que acabas de decir.

Una de las cosas que más me causaron admiración mientras investigaba es lo prolífica que ha sido su carrera como cineasta: según vi en su página, Valsamo (que, por cierto, me encanta ese nombre), ha participado en ocho proyectos audiovisuales en cuatro años, eso me parece fascinante. ¿Qué ideas llaman su atención? ¿Qué temas la atraen a emprender un nuevo proyecto audiovisual?

Bueno, realmente una de las temáticas que siempre me ha interesado un montón es las relaciones humanas y la cotidianidad misma en que estas existen. Creo que es una de las cosas que más me ha gustado, y realmente quiero seguir encauzándome dentro de las existencias disidentes. En este momento, creo que otro de mis referentes es Wong Kar-wai, y justamente por eso, porque las relaciones humanas y las relaciones sexoafectivas entre seres humanos no necesariamente siempre son idílicas (tipo Disney Channel), sino muy cotidianas, muy del día a día, y también muy distinto de lo que se nos ha vendido en Hollywood. Me parece que esta parte de las relaciones sexoafectivas es algo que me gustaría un montón retratar, pero no desde la forma cliché, sino experimentándolo un poco más desde la realidad, desde las diferencias entre las personas, las disidencias mismas. Por ejemplo, se me ocurre en este momento: ¿Cómo sería la vida amorosa de una mujer que conduce un autobús doce horas al día? Ese tipo de cosas son ciertas pautas que han dado pie a próximos guiones, pero siempre enmarcados dentro de las disidencias. Creo que para mí eso es muy importante, porque yo misma lo soy. Otra de las temáticas que disfruto mucho y que siempre ha sido parte intrínseca de mis cortometrajes es la temática del tiempo, el paso del tiempo, la memoria, el recuerdo, el archivo; todo eso me parece una temática del día a día para todas las personas, y no necesariamente somos conscientes de ello.

¿De qué manera su experiencia personal como disidente ha influenciado la manera en que aborda el cine?

Yo diría que casi al 100%. Es decir, lo que escribo es, generalmente, muy personal; de hecho, le comentaba a un amigo un día de estos que, para mí, la palabra o la escritura es como el arte más desnudante que existe. Obviamente lo tuanis del cine es que uno se desnuda pero a la vez tiene la facilidad de, a través de la imagen, no desnudarse del todo. Sin embargo, siento que, de alguna u otra forma, todo lo que escribo pasa por experiencias personales, definitivamente es la disidencia misma la que yo vivo, y creo que es parte fundamental de este tipo de narrativas que he decidido retratar, tanto en lo que escribo en este momento como en Olor a coco y jazmín o Reflejos comunes, que es un cortometraje sobre disidencias y mujeres trans en el Puerto que han sido vulnerabilizadas. Entonces, son vivencias que quizá no me pasan a mí, pero con las que, de una u otra forma, me veo identificada en las vidas de ellas, y además siento la importancia de retratar sus vidas de manera que ellas las retraten; yo nada más poner la cámara y mis herramientas técnicas, y que ellas cuenten su historia sin tener yo la necesidad de buscar un amarillismo dentro de sus vidas y vivencias, sino darles el espacio a su voz, que merece ser oída.

Ya que ha incursionado en obras de ficción y documentales, ¿hay alguno que prefiera o le sea más cercano a sus intenciones?

No sé si he llegado a esa conclusión aún. Honestamente, creo que ambas son formas de narrar muy hermosas. La mayoría de cosas que he hecho sí son relativamente ficcionales, y digo relativamente porque, como le digo, siempre pasan por un componente personal, pero bueno, haber hecho el documental Reflejos comunes me abrió una perspectiva más amplia, y me gustaría pensar que, en cierta forma, la ficción puede llevar mucho documental. Entonces, creo que podría abogar por un híbrido, pero no necesariamente; o sea, creo que no hay una respuesta y que siempre depende de la narrativa de la historia que viene en el momento.

¿De dónde vino la idea para Reflejos comunes? ¿Qué la motivó a explorar el tema de la salud mental en mujeres trans?

Es un trabajo colaborativo. Realmente el tema de la salud mental lo ha venido trabajando Mariana Alpízar, la productora del cortometraje; ella tiene este proyecto llamado círculos de sanación, que se enmarca en distintos lugares del país, no necesariamente solo en Puntarenas. Solo este año ha habido cuatro círculos de sanación distintos. Sin embargo, cuando Nana me contó sobre Puntarenas, porque ella vivía allá en ese momento, me contó que había conocido a estas mujeres, y cuando me comentaba surgió la idea de hacer un documental sobre las vivencias de ellas, sobre sus existencias, ya que también hay muchísima problemática, no solo por el hecho de que son mujeres trans, sino porque son mujeres pobres, son mujeres que viven en una provincia completamente olvidada por el gobierno, y hay muchísima vulnerabilización hacia ellas por parte de la misma sociedad. Entonces, claro, en el momento que las conocemos, empezamos a decidir armar un guión, armar un proyecto en conjunto también con Paola Jinesta, productora de Canal 15 de la UCR, y entre las tres comenzamos a plantear el documental y reunir fondos. Realmente no es una idea meramente mía, es una idea que va surgiendo a partir de las vivencias de Mariana dentro de los círculos de sanación, y a partir de ahí ya empezamos a pelotear una idea en conjunto de lo que podría llegar a ser.

Últimamente, con todo lo que hemos vivido, las palabras “salud mental” se usan con demasiada frecuencia, tal vez en muchos casos se ha perdido un poco qué es realmente lo que significa. Me impactó cuando Soraya dice cómo se va a hablar de salud mental si no se tienen las condiciones básicas para fomentar la salud mental.

Sí, correcto. Justamente de eso va un poco el documental, porque, ¿cómo se puede hablar de salud mental sin las condiciones de salud básicas? Las mujeres del documental no saben siquiera si van a poder pagar su casa el próximo mes, tienen que salir a ejercer comercio sexual porque no se les da trabajo, tienen que hacer recolectas de comida y repartirla entre todas las ochenta y cuatro mujeres trans que hemos visto en la Perla del Pacífico, que ellas tienen mapeadas dentro de su asociación. O sea, como se habla de salud mental, entonces ahí también entra el componente de que ellas, entre sí mismas, se dan la fuerza necesaria y son su propio apoyo de salud mental, su propio bastón para seguir resistiendo. Sin embargo, fue hasta el círculo de sanación del año pasado que muchas de ellas tuvieron acceso a un proceso psicológico; es decir, no necesariamente eran siquiera conscientes de que necesitaban un proceso de sanación entre ellas, o un proceso psicológico con algún profesional en el área. Creo que, desde ese mismo círculo, ellas mismas se van dando cuenta de que entre ellas han hecho fuerza, aunque no necesariamente lo habían pensado de esa forma, y se dan cuenta de lo importante que es mantenerse unidas.

Me impactó cuando Deborah decía que estando en una parada de autobús alguien le dijo que se iba a ir al infierno por el simple hecho de ser, por el simple hecho de existir. ¿Cómo fue para usted la experiencia emocional de documentar estas historias? ¿Hubo algo, alguna experiencia, situación, tema que la impactara más particularmente?

Bueno, creo que justamente hablar con Deborah para mí fue una de las experiencias más impactantes. Deborah tiene una historia de vida compleja, difícil, y yo misma lo comentaba con ella, fuera de cámaras y todo, y le agradecía mucho su apertura. Pero sí, creo que lo que más me gusta e impacta del documental, y que realmente me pone a pensar muchísimo, es cómo las historias de ellas, que ya eran vulnerabilizadas por la sociedad, por situaciones de pobreza extrema, situaciones de abandono del gobierno, etcétera, en el momento en que deciden asumirse como mujeres trans pasan a un escalón todavía más inferior dentro de la sociedad, pasan a ser pisoteadas constantemente por la sociedad por el simple y mero hecho de existir, y creo que el hecho de que ellas resistan tanto y que sean como la fuerza una de la otra es lo que más me impacta, porque, realmente creo que entre ellas hacen más fuerza de lo que podría darles o sea… No sé de dónde sacan tanta fuerza, a eso voy, como para poder resistir todo lo que nos cuentan y lo que no nos cuentan dentro del documental, también. Como dije antes, una de las cosas que yo buscaba dentro del docu era que ellas contaran su historia de la manera más honesta, y que no fuera una cosa súper amarillista, y hubo testimonios muy, muy fuertes que, honestamente, decidí dejar por fuera, porque no era lo que buscaba, no quería que fuese una vara como: “¡Estas maes son tan vulnerables! ¡Véanlas, véanlas!” sino como: “Estas mujeres resisten, vean lo fuertes que son, vean las historias que tienen y lo que nos están contando”.

Para finalizar, ¿Cuál es el mensaje central que desea comunicar con el documental? ¿Qué espera que las personas espectadoras del corto se puedan llevar luego de haberlo visto?

¿Qué es lo que espero? Bueno, espero que se lleven las historias de ellas. Creo que el hecho de saber que ellas existen es lo fundamental; de hecho, lo que me gustaría es que todo el mundo se siente a hablar con ellas, y que ellas les cuenten un poco sobre sus vidas. También creo que lo más importante de este corto es la visibilización de las existencias fuera de la Gran Área Metropolitana, porque muchas veces hay un activismo light, como esta vara de que, no sé, la gente hace un post, un meme, o lo que sea, concientizando sobre lo que sea y se vuelve una cosa viral, y todo el mundo lo repostea y repostea, todo el mundo está de acuerdo… pero, al final no dicen nada, al final no es nada, al final lo único que hacen es replicar historias también centralizadas, historias completamente sesgadas por burbujas sociales que son filtradas incluso dentro de las mismas redes sociales, y la gente muchas veces cree que las redes sociales es lo que existe y las historias que se ven en las redes sociales es la realidad, verdad, y no necesariamente, o sea, si bien es cierto, es importante que esas varas existan, y que existan como todas esas redes, muchas veces se quedan en un limbo casi vacío del activismo. Para mí lo importante de este documental es que la gente se dé cuenta de que las historias trans no son únicamente las historias que nos pone HBO en nuestras series favoritas, sino son las historias de estas mujeres, y así como estas también hay historias de mujeres trans que migran de Nicaragua, por ejemplo; hay historias de mujeres trans que hasta la fecha no tienen su expresión de género en la manera que gustan porque viven en una violencia física muy fuerte dentro de sus vidas cotidianas, y dentro de estas, muchas otras historias que la gente no vuelve a ver porque lo que están viendo son las mujeres que nos están colocando Hollywood en la pantalla, o las páginas de memes en Instagram. Entonces creo que, para mí, eso es lo importante: la visibilización, y saber que realmente hay historias que ni siquiera imaginamos, y que tienen que ser contadas.

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