Centroamérica

No solo de pan vive el hombre, también de una buena película

BEN HUR 2

Llegan las señales: En el aire se percibe el olor del pan recién hecho, combinado con un poco de ceniza y culpa cristiana. Las calles se preparan para las procesiones, portando imágenes que traumatizaron a más de un niño. Te vas despidiendo de la carne para recibir, con mala cara, esa dieta forzosa de pescado; y, por supuesto, preparas tu televisor para recibir al Salvador mismo, en sus miles de interpretaciones, en épocas distintas y en todos los géneros. Así es: vuelve la Semana Santa y con ella el clásico cine épico religioso.

Sword and sandals (“espada y sandalias”) es un género clásico del cine épico que tuvo su auge entre los años treinta, cuarenta, y cincuenta,  cuya característica principal era retratar las odiseas clásicas en la pantalla grande, como Ulises, Jason y los argonautasHércules, etc. Pero por el cual es más conocido internacionalmente es por la tendencia que tuvo de retratar las historias bíblicas, con un mayor enfoque en la vida de Jesucristo y las distintas perspectivas que lo involucran.

Seamos creyentes o no, podemos aceptar que hay valor cinematográfico en estas películas, notando la pasión que aportaba el equipo detrás de su creación, llamando la atención de los estudios al ver lo populares que estas eran.

Para brindar una comparación al contexto actual, este era el “universo cinematográfico de Marvel” de su época, ya que no solo contaba la historia de Jesús con películas como Rey de reyes, Jesús de Nazaret, o El pescador, sino que también quería retratar la vida de todos aquellos personajes que rodeaban este cosmos bíblico; tomemos como ejemplo Barrabás, El evangelio según Juan, Los diez mandamientos, e incluso el burro del establo consiguió sus propias películas (ahí tenemos La estrella de Belén).

Esto no lo digo como una forma de burla al género, pues, como mencioné antes, hay mucho valor en estas películas, ya sea espiritual, cinematográfico, o incluso histórico, y usando estas historias como un medio (al menos desde la perspectiva judeocristiana) se pueden apreciar como parte de un acercamiento del ser humano a lo divino. Pero lo más interesante es cómo estos filmes se han convertido en parte del ámbito cultural, en hitos de la época de Pascua.

Su historia en Latinoamérica también es muy interesante. Para saber cómo este género llegó a nuestro continente, debemos conocer sus orígenes. Como predilectas, el género inició en la tierra de los mitos romanos: Italia, donde El Saqueo de Roma sería la película que sentó las bases para los filmes que llegaron después, Con esto en mente, llegaron también las grandes producciones de épicas griegas, como Alejandro el Grande, o El Coloso de Rodas.

Una vez que el género hubiese fomentado una gran popularidad en su país de origen, no tardó en ser visto y exportado por cineastas estadounidenses, quienes vieron una gran oportunidad de mercado, sobre todo cuando se dieron cuenta de que el mismo Vaticano estaba dispuesto a financiar muchas de estas producciones. Por eso, fue con base en la temática cristiana que tuvo su gran despegue con el estreno del film Jerusalén liberada. Los productores de la industria, buscando atraer al público cristiano, y aprovechando el auge tecnológico del cine a color, llevaron a la pantalla grande la historia de Sansón y Dalila, y con ella marcaron un récord de popularidad que dio luz verde a la creación de más películas bíblicas.

Con el paso de los años, surgieron proyectos como Rey de Reyes, Salomón y la Reina de Saba, David y Betsabé, que generaron bastante movimiento en la industria cinematográfica, aunque los productores no deseaban quedarse únicamente con el éxito comercial de Estados Unidos, pues sabían que existía un mercado católico al sur del continente.

Latinoamérica había demostrado gran interés en ver estas historias llevadas al cine. La película Marcelino, pan y vino había sido un éxito no solo en España (su país de origen), sino también en la región iberoamericana, donde tuvo su estreno en la época de Pascua y atrajo al cine un gran número de creyentes.

 

 

Sin embargo, ya la región contaba con su propia tradición de cine épico religioso, proveniente de la época dorada del cine mexicano, donde podemos mencionar El mártir del calvario, que retrata la vida y enseñanzas de Jesús, y en su momento fue bien recibida por el público nacional e internacional.

Esto no pasó desapercibido para la industria estadounidense, así que, entrando en contacto con los estudios de doblaje de la región, comenzaron las negociaciones para atraer varias de sus películas a distintos países latinoamericanos, y en menos de un año, Ulises había llegado llegado al cine mexicano para probar el terreno, llegando a ser un éxito gracias a las campañas publicitarias y al interés del público en el cine de aventuras.

 

Pero la película que más marcó su huella en la tradición de Semana Santa fue la exitosa producción Los diez mandamientos, un legendario proyecto que obtuvo varios Premios de la Academia, gracias al gran talento de sus actores Charlton Heston, Yul Brynner, Yvonne De Carlo y Anne Baxter, combinado a una excelente cinematografía y lo último en efectos especiales de la época; todo esto convirtió a la película en un clásico que, incluso hoy, puede dejar boquiabiertos a más de una persona.

La popularidad de este género comenzó a decaer después de los años sesenta, pero actualmente siguen creándose proyectos que cuentan historias similares, tomemos en cuenta la película Últimos días en el desierto estrenada en el 2015, que fue bien recibida por el público, ya que trajo una perspectiva interesante de lo ocurrido en el desierto durante los cuarenta días en que Jesús deambuló, enfrentando las tentaciones.

 

Estas películas se han vuelto gran parte del colectivo tradicional de estas fechas, ya que es muy difícil imaginar el rostro de Jesús sin pensar en Robert Powell, quien prestó su imagen al retratar el personaje en la miniserie Jesús de Nazaret, algo que demuestra el poder cultural del cine, donde cada historia que es llevada a la pantalla grande, chica o portátil, puede influenciar nuestra percepción de la realidad.

Así que, relájate en estos días, y toma agua dulce con pan casero mientras disfrutas de esos clásicos que alegraron a tus abuelos, a tus padres, y que, posiblemente, tus hijos también disfrutarán.

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