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‘MADREEMIGA’ de Dannier Orozco: La Fortaleza para surgir desde el Abismo

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Con modestia, Dannier Orozco me dice que su viaje en el cine comenzó relativamente tarde; sin embargo, con solo ver su cortometraje MADREEMIGA, que participó en la décima edición del CRFIC, me fue evidente no solo su talento sino, más importante, la forma en que ha empleado años de experiencia artística, en escritura, teatro, música y fotografía, como herramientas para producir una obra de gran calidad técnica y un profundo, si bien doloroso, contenido emocional.

La película MADREEMIGA, protagonizada por Ana Ulate Sancho y Mauren Salazar Piedra, nos cuenta sobre la relación entre dos madres: una señora en edad madura y su hija, una joven con su propio pequeño en los brazos, y cómo las tribulaciones de la adicción a las drogas pesan sobre ellas.

Además de ser un cortometraje magnífico en su ejecución, la historia de estas dos mujeres se siente profundamente real, con una sensibilidad que, quizá, solo puede conocer alguien que ha vivido por circunstancias similares. Dannier, según me dice él mismo, nunca ha estado en drogas, pero vio, durante muchos años, cómo un amado miembro de su familia luchó contra la adicción, y cómo su familia, y especialmente su madre, se vieron hundidos en el abismo hasta que, afortunadamente, y luego de años de pruebas y perseverancia, todos lograron alcanzar la liberación.

Por este motivo, más allá de abordar el tema de las drogas, Dannier quiso explorar, en MADREEMIGA, la compleja dinámica intrafamiliar que se vive bajo su sombra.


Cuando investigué, quedé impresionado por su trayectoria. Es un cineasta de gran experiencia, que ha incursionado y ha sido galardonado en música, teatro, televisión y cine. ¿Qué ha significado para usted la expresión artística?

Es curioso, porque son ciertos aspectos en los que, desde pequeño, siempre he encontrado para poder, no sé si estar entretenido o tratar de expresar algo. Lo primero que recuerdo fue que a los nueve o diez años escribí algo y me sentí muy a gusto, y luego, como a los trece años, me regalaron mi primera cámara fotográfica. A los quince empecé a usar la Handycam de un tío, y a partir de ahí comencé a grabar ciertas cosas con mis amigos, a quienes ponía a actuar, o simplemente grabábamos paseos y varas así, o incluso andaba grabando fiestas familiares. Hay ciertos elementos, como herramientas, cosas que se dieron de manera circunstancial, y no sé si lo busqué o me llegaron, o las dos. El asunto del teatro llegó un poco después, como a los diecinueve años, y sentí que había encontrado algo en lo que podía sentirme cómodo, porque en ese momento andaba en una especie de limbo juvenil, por la que todo mundo pasa. Pero en mi caso, simplemente no quería hacer nada en la vida, más allá de andar en conciertos de punk, patinando, o estando con mis amigos, y era lo único que quería en la vida, entonces el arte significó algo muy importante. Significó poder exigirme a mí mismo, decir: “OK, esto es lo que yo quiero en la vida, esto es en lo que me siento útil, me siento realmente en un lugar donde puedo hacer bien las cosas”. Al mismo tiempo, significó ser el alumno que nunca fui, es decir, no necesariamente ser un estudiante estrella, pero sí hacerlo bien, algo que nunca había sentido. Para mí fue una motivación de vida, por decirlo así.

Habiendo incursionado en teatro y cine, ¿Hay algún medio que le llama más la atención?

El teatro fue como de impacto; la primera vez que vi una obra de teatro fue un impacto retinal e intelectual, y luego, como a los tres meses de haber empezado mi primer taller de teatro, me invitaron a ser extra de una película y yo fui con todas las ganas. Fui a San José, con diecinueve años, llegué, vi las grandes cámaras y vi a ese gran director ahí, dirigiendo. Creo que me impactó el teatro, pero me enamoré del cine, porque siempre me vi en ese lugar. Luego se me rompió el corazón, porque supe que en ese momento no podía hacer cine, era muy caro, estamos hablando del año 2001 y la película fue Asesinato en el meneo, entonces no había tecnología como la que existe ahora, y me quedé con el teatro, sabiendo que, en algún momento, iba a llegar al cine, aunque no sabía cuándo ni cómo.

¿Cómo diría que superó ese desamor original con respecto al cine? ¿Cómo fueron sus inicios?

¿Cómo de creador, decís vos?

Sí.

No, vieras que fue muy reciente. Cuando me dije que tenía que hacerlo fue en el 2015, tenía un proyecto que se llamaba MACROQUiNTO, aquí en Cartago, mis amigos y yo presentábamos teatro, pintura, música, yo presentaba cada mes una obra corta, y ahí empezamos a proyectar películas. Entonces, como que una cosa llevó a la otra y finalmente dije: “Mae ya, ya pasó demasiado tiempo, ahora sí voy a empezar”. Y agarré una de las obras que tenía, OMATÉME, que se convirtió en mi primer cortometraje, y fue un proceso desde el 2015 hasta el 2019, cuatro años de pasar un libreto de teatro a un guión de cine, ir a laboratorios, talleres, el shnit, el CRFIC, me convertí en un cinéfilo extremadamente rígido, y por mi cuenta estudié cine, tratando de comprender el cine, aunque todavía sigo sin comprenderlo, pero ahí sigo. Esos fueron mis primeros pasos. Todo empezó con decir: “Bueno, quiero darme cuenta si puedo contar una historia atractiva”, porque siempre me gustó mucho el cine, el cine nacional, y siempre que puedo voy, pero ahora sí quería una motivación diferente. Quería probarme si podía contar una historia y, si lo lograba, continuar con otra; si me daba cuenta de que no podía lograrlo con ese primer resultado, pues no seguiría haciendo, porque es algo muy difícil y complejo. Entonces, en mi caso, inicié “viejo” como creador, en ese momento tenía treinta y cinco, ahora tengo cuarenta; digamos que no fue un proceso tortuoso, pero sí muy complejo.

Afortunadamente descubrió que sí era lo suyo, porque siguió su camino.

Pues, sí. Es raro, porque el corto tiene errores, pero a pesar de eso fue seleccionado en tres festivales, aquí el Festival Lúdico, uno en España y otro en Los Ángeles, California, y además de eso, también comentarios de las personas me motivaron a decir: “OK, voy a hacer el segundo corto”. Pero sí fue una cuestión casi como un termómetro, más que verlo como esa cuestión un poco narcisista de querer que me escuchen, ya que para mí el asunto no va por ese lado, sino siempre he sido muy respetuoso del público, si la gente te paga un boleto por ir a ver tu trabajo, tenés que buscar la calidad del oficio; obviamente, lo que les vas a entregar no es solamente tus problemas, también debés buscar esas herramientas o elementos de la narrativa, del entretenimiento, con ciertos aspectos incluso tecnológicos, entonces es algo que va más allá de solamente decir y hacer lo que quiero para que me escuchen, es también una cuestión de entregarle al público algo que, desde mi perspectiva, les puede servir.

¿Qué temas, ideas o elementos suelen llamar su atención de un proyecto audiovisual?

La pregunta es chiva, porque te lleva por varios lugares. El aspecto psicológico siempre me ha gustado mucho, los misterios de la mente, las cuestiones inconscientes que realizamos en nuestra cotidianidad y que son inherentes en nuestra vida, de dónde vienen, todo eso me parece interesante contarlo. Al mismo tiempo, también hay una cuestión de desfragmentación de la realidad que me interesa, como las fábulas realistas, algo que ando buscando ver, me interesa mucho el comportamiento humano, me gusta plasmarlo, pero, al mismo tiempo, desfragmentarlo en el diálogo. El comportamiento también me interesa, y bueno, ahora el tema de las drogas también me interesa bastante, creo que hay mucho de qué hablar, porque hay diferentes tipos de drogas duras y otras un poco más suaves. No necesariamente quiero decir que estoy en contra de las drogas con mi segundo corto, pero finalmente creo que hay ciertos aspectos que pueden llevar al ser humano a meterse en un abismo del que no puede salir y que viene desde más allá, o sea, el asunto no son las drogas, sino la familia. Si uno se pone a pensar realmente, hay una coincidencia en la investigación que hice para mi segundo corto MADREEMIGA, una coincidencia entre la violencia y la falta de comunicación, en el trato a los niños y niñas, y que estas personas terminan buscando otra realidad, y encuentran un refugio en las drogas; entonces, más que hablar sobre las drogas en sí, quise hablar sobre lo que conduce al individuo a ellas.

Me llama la atención la palabra MADREEMIGA. No sé qué tan anticlimática pueda ser esta pregunta, pero quería preguntarle por el significado del título de la película.

Bueno, me he dado cuenta de que me atraen los títulos diferentes. Siempre, en todas mis obras, lo último que pongo es el título, es algo que ya tengo desde hace muchos años, y en el caso de lo audiovisual, he encontrado que los nombres son importantes; no es que yo busque la rareza solo porque sí, sino porque también implica un juego mental, la posibilidad de pensar en el nombre. Con MADREEMIGA es una especie de fusión claramente de madre, emiga porque no se sabe si es amiga o enemiga, y que realmente los padres y madres muchas veces son con sus hijos amigos o enemigos, entonces simplemente cambié algunas letras y se formó esa palabra interesante. Me he sentido muy cómodo con los títulos en mayúscula y juguetones, que traten de dialogar también con el espectador.

¿Cómo fue para usted la experiencia emocional de realizar este cortometraje? ¿Le ofreció alguna especie de catarsis?

Sí, hasta cierto punto. No sé si llamarlo catarsis, pero sí al menos me permitió entrar en el dialogo sobre este asunto, como te dije, no en contra de las drogas sino sobre lo que conlleva que alguien esté en ese abismo. Me parece que mucha gente joven puede ser la más vulnerable y más suele caer en este tipo de situaciones, por eso quise llevarles información, no sé si va a ayudar, ojalá que sí, pero al menos existe la intención, más allá de una cuestión artística.

Es curioso cómo tal vez las drogas, o cualquier adicción, no es el verdadero problema sino la solución errada que creemos darle a un problema más profundo, ¿verdad? Por eso el levantamiento siempre implica sus caídas, y nunca es un proceso en línea recta, pero si hay apoyo y perseverancia, siempre hacia adelante.

Sí, totalmente y es un problema que no tiene distinción de posición económica, no distingue nada. Hay una escena inspirada en algo que le sucedió a un amigo, que también tenía problemas de adicción, y el mae estaba súper acomodado, nos conocimos cuando estuvimos en el instituto, y él terminó en eso. En noviembre del año pasado falleció por la adicción. Eso me hace pensar que incluso si en una familia de alta posición económica y acomodada, como la de él, hay violencia y falta de comunicación las personas buscarán en la calle otra realidad, así de fácil, y la investigación que hice con gente del IAFA me mostró que hay gente de mucho dinero en estos lugares de recuperación, gente a la cual, desde pequeños, sus familias los trataban con violencia. Al final creo que todo depende de eso: la familia, el acceso a la educación.


¿Fue complejo retratar una historia no solo sobre la maternidad en general, sino sobre dos maternidades distintas, en un contexto tan adverso?

Sí, es curioso. ¿Por qué una mujer y no un hombre? Generalmente, los que más consumen o caen en este estado, suelen ser los hombres, pero cuando se trata de las mujeres hay una cuestión particular, porque muchas de las que consumen crack también tienen niños y esos niños se ven afectados, es como un efecto dominó. En el caso de las mujeres, por el embarazo, sí me pareció importante poner en contexto lo que sucede desde el punto de vista femenino.

¿Considera que hay esperanza al final del cortometraje?

Sí, sí. Hay una cuestión de cuando ya se tocan los límites y hay que tomar decisiones, y a veces hay cambios cuando las personas sienten que han tocado fondo. No digo que sea la manera correcta, pero así fue como se vio en nuestro caso, y creo que hay un momento donde ocurre un desligue de la maternidad o paternidad hacia la persona, y se les dice: “Usted verá qué hace con su vida, yo debo cuidarme”. Hay una cuestión de supervivencia que quiero decir en la escena final, de que, por más que seamos humanos y familiares, también hay una cuestión de decir: “Ya no aguanto más; quiero y necesito buscar mi bienestar”. Así que, al menos hay esperanza hacia la persona misma.

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