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Crítica: De la magia al cine con Georges Méliès

Viaje a la luna_portada

El pasado 10 de mayo el festival de cortometrajes shnit abrió la convocatoria para su edición 2021. El shnit es un festival relativamente nuevo (su 1ª edición fue en el 2003), pero el cortometraje es tan viejo como la historia misma del cine. Por eso, en deleFOCO nos propusimos hacerle una crítica a un corto que marcó un antes y un después en la historia del séptimo arte: Viaje a la luna de Georges Méliès. Esperamos la disfruten.

Afiche publicitario de la cinta ‘Viaje a la luna’

Georges Méliès fue un reconocido ilusionista y prestidigitador de la sociedad parisina de finales del siglo XVIII. Propietario del teatro Robert Houdin, quiso hacer soñar a su público con presentaciones mágicas. Su película Viaje a la luna no fue una excepción, ya que, casi 120 años después de su presentación, todavía logra generar asombro y echar a andar la imaginación de sus espectadores.

Inspirada en las novelas De la Tierra a la Luna de Julio Verne y Los Primeros Hombres en la Luna de H. G. Wells, este cortometraje de menos de 15 minutos reúne los elementos de una historia clásica (planteamiento, nudo y desenlace) en un film de ciencia ficción y fantasía, el cual representó, además, una revolución en el uso de efectos especiales.

Lo primero que se nota en este cortometraje es la puesta en escena. Con abundancia de planos generales y actuaciones histriónicas, Viaje a la luna se asemeja más a una obra de teatro filmada (exceptuando, por supuesto, los efectos especiales) que a una película como las conocemos hoy día.

La música dramática de orquesta que acompaña el filme, junto a las enormes maquetas que sirven de escenario para la actuación de los personajes (piénsese, sobre todo, en las maquetas que ambientan la atmosfera lunar) terminan de rematar una puesta en escena propia del teatro Robert Houdin.

El guión es otro elemento que Méliès logra manejar con maestría. Se sabe que dicho ilusionista tenía experiencia en la adaptación de obras literarias e históricas para las funciones de magia que presentaba en su teatro; desde Don Quijote de la Mancha hasta Juana de Arco. Aún así, el guión de Viaje a la luna va más allá de las novelas en las que está inspirado. En especial, vale la pena resaltar el humor que atraviesa todo el cortometraje. Por ejemplo, cuando los magos —en pleno escenario— cambian sus ropas para transformarse en científicos o exploradores, más aptos para realizar descubrimientos en el mundo material.

Otros elementos cómicos del filme que me gustaría mencionar son: cuando la nave (o proyectil) se incrusta en el ojo de la luna —más parecida a una cara cubierta con pastel—, y el regreso de la luna a la tierra, donde la nave espacial rompe todas las leyes físicas, así como cualquier principio de verosimilitud del filme (pasando, definitivamente, de la ciencia ficción a la fantasía), llevando de polizón a un habitante de la luna (selenita), quién reaparece durante la celebración en honor a los magos-exploradores.

Una mención especial merecen los efectos especiales, del los cuales esta película fue pionera. La superposición de fotogramas o sustitución, la cual Méliès descubrió por error al atascársele la cámara mientras filmaba en la Plaza de la Ópera, la emplea con imaginación y gracia, como cuando el profesor Barba Revuelta —quien lidera la exploración espacial— siembra su sombrilla en el suelo de la luna y, al instante, dicho parasol se convierte en un hongo espacial. Méliès también emplea la superposición para pasar de una escena a otra, con el fin de no afectar la continuidad del filme.

Otros efectos interesantes empleados en Viaje a la luna, son la grabación a través de una pecera, con el fin de simular el fondo del mar, y la ya mencionada luna con rostro, la cual no es otra cosa que una cara cubierta de crema.

Viaje a la luna es reconocida hoy como la primera película que contó una historia con planteamiento, nudo y desenlace y, casi 120 años después, todavía es un filme que vale la pena ver. No solo por su importancia histórica en el desarrollo del cine, sino, como bien lo planeó Georges Méliès, porque es una película que divertirá a su público.

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